Un vínculo de pareja sano no requiere de dos personas totalmente sanadas
La seguridad de un vínculo no depende de que ambas partes hayan resuelto todas sus heridas antes de llegar a la relación. Pero sí depende de que cada cual reconozca su propio estilo de apego y la forma en que sus heridas impactan y sabotean su forma de vincularse.
Esa consciencia les permite distinguir sus propias reacciones automáticas de sus respuestas elegidas, para intentar responder distinto cada vez que el pasado intenta recrearse en el presente.
La historia de cada parte no es una sentencia de vida, pero sí exige mirarla de frente y hacerse cargo de lo que en ella corresponde sanar a cada un@.

En un vínculo seguro de pareja, la responsabilidad de cada cual no se limita a sanar sus propias heridas. Incluye también sostener a la pareja mientras hace su propio trabajo de sanación, ofreciéndole en lo cotidiano evidencia de que es posible experimentar algo distinto a lo que aprendió a esperar (o a no esperar) en vínculos anteriores, pero también respetando su ritmo y dándole espacio para equivocarse y recaer en sus viejos patrones, sin ser juzgad@ por ello.
Esto es el buen-amor en su expresión más concreta y poderosa: no solo aporta satisfacción y disfrute en el presente, sino que posibilita sanar junt@s de una forma que trasciende esa relación.
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